Nada es definitivo

Recientemente termine una fase laboral; en mi carrera como constructor y profesional de la ingeniería constantemente vamos iniciando proyectos y cada tanto igualmente los vamos finalizando. Con cada obra terminada puedes llegar a sentir que todo está acabado y no queda más por hacer, entonces la incertidumbre te hace pensar que estar desocupado será definitivo y nunca falta la desesperación y frustración que llegan para ser mala compañía en esos ratos de soledad que ahora abundan. Será por eso que este tiempo me hace recordar aquel noviembre cuando recién estaba llegando como emigrante y con menos de un mes en una ciudad nueva con todo nuevo y mucho por descubrir y emprender se me inserto en mi camino una enfermedad llamada cáncer.

Como suele ocurrir cuando menos lo esperas llega lo inesperado, un día tenía una molestia en mi lengua y a las dos semana después de una cita médica me llaman a consulta para decirme que la peor de mis sospechas se hizo realidad, la biopsia mostraba un resultado sin discusión; cáncer en la lengua. Muy a pesar que durante la fase de exploración me habían advertido que podía ser algo así, yo nunca me preparé para recibir esa noticia y comunicársela a mi esposa que hace veinte días atrás había perdido a su madre por una enfermedad cardíaca no parecía como algo fácil. Ya en la salida de aquel consultorio con más interrogantes que fuerzas para caminar tenía que elaborar una forma muy sutil pero veraz de comunicarle a mi amada mi estado de salud y lo último que debía transmitir era derrota o miedo aunque eso me embargaba por completo.

Sin muchos recursos para argumentar un discurso convincente y entendiendo que con el diagnostico se avecinaba una ruta medica que debía acelerar casi de inmediato para no comprometer más mi organismo solo pude hacer uso coherente de mi memoria y las enseñanzas que he aprendido por años del único libro para mi tiene valor en todo tiempo, la biblia.

Durante el recorrido en caminata desde la clínica hasta la casa pude recordar a Lázaro que estando muerto y con días en el sepulcro Jesús levantó de los muertos tan solo con pronunciar su nombre (Juan 11:1-41), igualmente la suegra de Pedro quien estaba postrada en cama con fiebre y fue sanada por el Maestro y al poco tiempo le atendía (Mateo 8:14-17), tampoco podía dejar de hacer memoria de aquella mujer que todo había gastado tratando de hallar la cura para un flujo de sangre incesante que la había atormentado por años y armada con su fe y tocando a penas el borde del manto del Hijo de Dios quedo sana instantáneamente (Lucas 8:43-48), por ultimo pero no menos importante vino a mí la imagen de un Cristo crucificado, declarado muerto para ser sepultado que luego al tercer día se levantaría de los muertos para vencer a la muerte y traer vida a toda la humanidad dividiendo con este evento toda una época (Marcos 15:21-41). Fue en ese instante que acuñe una frase con la que minutos más tarde inicie mi explicación en casa y creo que fue la que me ayudo a decirle a mi esposa todo cuanto me pasaba, pero no desde un estado de derrota sino más bien desde una perspectiva apropiada para aquel momento.



“Nada es definitivo todo es temporal” así comencé mi discurso en casa y durante la explicación de los detalles, posibilidades e implicaciones de la enfermedad hasta llegar a las recomendaciones del médico me hice dueño de este enunciado y casi tres años después sigo creyendo que así como las construcciones, las series de televisión, las novelas, las lluvias, el verano, las vacaciones y la vida en si misma tiene un inicio y un final ninguna temporada es permanente, y cada final sirve como trampolín hacia otra, desde mi óptica podrá ser mejor o no tanto pero de algo si estoy completamente seguro; bien sea que lo entienda o lo ignore será para mi bienestar.


“Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo con su plan.” (Romanos 8:27 TLA)

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