Esperar sin deseperarse
Cuando aplico para una solicitud
y sabiendo que la respuesta afirmativa puede impactar de manera positiva mi
carrera profesional y mi vida personal suele suceder que me impaciento por los
resultados. Hace unos 5 días atrás que
espero esa respuesta y de pronto me desperté una madrugada con mucha ansiedad y
al ver en el reloj de la cocina que eran las tres de la mañana me di cuenta que
nada podía hacer por cambiar lo que está por suceder, pero con el sueño
interrumpido tuve la oportunidad de hacer memoria acerca de alguna ocasión que
me llegue a sentir de esa misma forma y encontré en el banco de los recuerdos
un tiempo que aunque cronológicamente no es fácil de ubicar estoy casi seguro
ocurrió más allá de la mitad de las radioterapias y quimioterapias.
Por esos días yo tenía muy claro
cuántos ciclos debía recibir de radiación y cuantos de quimio, si bien eran 40 de uno y 8 del otro
respectivamente en algún punto de esa temporada y empezando a sentir ya los
efectos secundarios en mi cuerpo ocurrió que una noche muy tarde me desperté
con mucha impaciencia tratando de recordar en que ciclo exacto estaba y cuantos
me faltaban y no se con exactitud si era por la medicación para los efectos
alternos o por la falta de sueño pero no lograba compaginar esos datos y entonces
tuve un episodio de ansiedad; no obstante lograba respirar bien, me sentía
desorientado al punto de no poder ubicar el tiempo en que estaba y en medio de
mi estado de tensión y desesperación sentí como el espíritu santo intentaba
traer a mi mente una palabra y tratando de calmarme con mucha dificultad pude
recibirla, tan pronto la entendí me aferré de ella como si fuera un cable
atierra desde la nebulosa en que mi mente me había metido.
En mi interior una sutil voz me repetía “No es de valientes rendirse
y tampoco es de sabios desesperarse” y como hijo de Dios me ancle a sus
promesas lo más fuerte que pude, algunos minutos pasaron y un poco más calmado
fue que termine cayendo en conciencia que a esa hora por más que hiciera
memoria de cuanto faltaba o cuanto había avanzado no me ayudarían en apresurar
mi tratamiento.
En medio de lo sucedido aquella
noche hubo una palabra que me ayudó mucho
a encontrar consuelo y está en el libro de los Salmos y aunque leí todo
el capítulo 142 un verso se resaltó para mí de manera muy especial, será porque
de alguna forma mi confesión de pronto se transformó en suplica y termino
siendo semejante al de David; Quizás.
Dios mío, a ti te ruego y te
digo: « ¡Tú eres mi refugio! ¡En este mundo tú eres todo lo que tengo!» Salmo
142:5 TLA
Así como en aquella ocasión y
ahora, sé que ninguna espera es agradable pero
entendí que nada es imposible para Dios y eso me hace creer que aun
durante la incertidumbre puedo conseguir refugio en su amor infinito y de esa
forma la desesperación se desvanece y en su lugar llega la esperanza.



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